Miriam Gidrón / J.E. Navarro http://www.expansion.comCibeles, que cerró ayer su 46 edición, se ha consolidado como la primera plataforma nacional del sector, en el que sólo un puñado de diseñadores empieza a consolidarse fuera, mientras la mayoría busca un empujón para el negocio que hay detrás de sus maniquís. Ayer, se clausuró Pasarela Cibeles en Madrid. Pero, entre las ideas de los creadores y las variadas texturas de las telas, el sector trata de superar su gran asignatura pendiente: el talento español del mundo de la moda tiene que dar un impulso emprendedor a sus colecciones. Nombres como Roberto Verino, Roberto Torretta, Purificación García, Custo, Adolfo Domínguez, Amaya Arzuaga o Ágatha Ruiz de la Prada son parte del paisaje de escaparates de las calles céntricas de capitales extranjeras. Sin embargo, aún falta un largo camino por recorrer para hacerse un hueco entre los grandes de la moda.
Borja Oria, presidente de la Asociación Empresarial del Comercio Textil y Complementos (Acotex), que representa a la industria madrileña, quiere “trasladar a los diseñadores que hagan un esfuerzo por crear una industria detrás de sus colecciones, de tal forma que distribuyan y vendan la producción. Si no, las prendas no pasan de Cibeles”. De hecho, asegura que “Acotex está trabajando por aunar esfuerzos en el triángulo de diseño, confección y comercio, que compone esta industria”.
En la última década, el comercio textil ha mantenido un crecimiento de entre un 2% y un 3,7% anual. Este sector emplea a unas 225.000 personas y factura cerca de 22.500 millones de euros. En cambio, la tendencia de la confección va ligeramente en descenso. En cuatro años, el número de empresas ha bajado un 8%; el empleo se ha recortado un 15,6%; y la producción ha caído un 15,3%.
Oria destaca el boom de las cadenas especializadas, las grandes superficies y los outlets, en detrimento de los pequeños comercios y las tiendas multimarca, que han pasado de abarcar un 59% del negocio textil en 1993, a un 32% en la actualidad.Operaciones empresarialesEn los últimos tiempos, los inversores han presenciado mucho movimiento entre las firmas de moda. El grupo gallego Adolfo Domínguez ha fichado al ejecutivo José María Castellano, antiguo directivo en Inditex, para desarrollar un fuerte plan de expansión que plantea abrir 105 tiendas en un año y medio. Además, la compañía invertirá en un complejo donde reunirá todas sus instalaciones, cerca de Orense.
Los hermanos de Adolfo Domínguez (Javier, Jesús y Josefina) le vendieron sus participaciones en el grupo en 1998 para crear otro proyecto, la Sociedad Textil Lonia (STL), que comercializa la marca Purificación García, que este año se extenderá por el continente americano con 30 corners en centros comerciales. Además, Purificación García llegó a un acuerdo en el año 2000 con la diseñadora venezolana Carolina Herrera para lanzar la marca CH, que ya está presente en los principales núcleos de Estados Unidos. Se estrenó en Nueva York y Los Angeles, para llegar después a San Francisco, Boston y Miami. Este año, llegará a Dallas, Phoenix (Arizona), San Diego (California), Boca Ratón (Florida) y Austin (Texas).
El grupo gallego Caramelo, originariamente de las familias Gestal y Caramelo, ha dado entrada a las firmas de capital riesgo Avante Group (del ex presidente de Fadesa, Manuel Jové) y Sodiga (controlada por la Xunta de Galicia). Ambas sociedades adquirieron el pasado junio un 45,2% del capital, tras desembolsar 15,8 millones de euros y 3,2 millones, respectivamente. El grupo, que incluye las marcas Caramelo, Antonio Pernas y Caramelo Jeans, puso hace un año parte de la gestión en manos de Jacobo García Anduiza, consejero delegado de la compañía, que anteriormente se encargaba de la cadena de suministro de Cortefiel.
Por su parte, Artesanos Camiseros, que adquirió en 2006 un 80% de la firma del cordobés Elio Berhanyer, junto a la sociedad Capital Riesgo de Caja Madrid, ha lanzado este mes la marca Berhanyer Tailor, una línea de sastrería a medida de gama alta. Ya tienen tres tiendas exclusivas en Madrid y Córdoba para distribuir colecciones de mujer, además de una licencia para la fabricación y venta de ropa de hombre. El modisto catalán Custo, que se hizo famoso en todo el mundo por sus originales camisetas (suponen un 60% de su facturación), ya es un claro referente de la moda española. Ahora, Custo Dalmau ha puesto el cartel de se vende en el escaparate. Empresas como Torreal, de Juan Abelló, y el grupo francés de lujo LVMH han mostrado interés, aunque todavía no han dado un paso en firme. Uno de los motivos de la venta es el fuerte crecimiento del negocio, que ha desbordado la reducida estructura del grupo.
La compañía, que fabrica sus prendas en Asia, Turquía, Italia y España, cuenta con un buen posicionamiento en España y Estados Unidos, pero no ha logrado implantarse en gran parte de Europa. La saturación empezó a afectar a la facturación: en 2005, la cifra de negocio se redujo un 23,28% respecto al año anterior, hasta 41,98 millones de euros. El resultado también disminuyó, hasta 5,45 millones de euros, un 53,16% menos. La compañía reconoce que, además, está sufriendo “el estancamiento de la demanda mundial de prendas de moda de marca y una fuerte competencia”.
Una Cibeles másEn este desigual panorama del sector, los diseñadores más jóvenes y frescos pusieron punto y final ayer a la última y más concurrida edición de Pasarela Cibeles, con 36 diseñadores con acento español. Una variedad de estilos ha desfilado por la tarima, desde veteranos como Jesús del Pozo, Devota & Lomba o Roberto Torretta, a tijeras menos conocidas para el público general. Como novedad, han debutado en el certamen cuatro firmas renombradas: Sita Murt, Guillermina Baeza, Dolores Cortés y Hannibal Laguna.
La directora de Cibeles, Leonor Pérez Pita (también conocida como Cuca Solana) es una auténtica veterana: lleva desde el principio al frente de la Pasarela, cuando se montó “en una carpa de circo de Teresa Rabal en Colón”, en 1986. Con un presupuesto algo superior a 3 millones de euros, este año, ha hecho un esfuerzo por incorporar a los diseñadores catalanes que desfilaban en la extinta Barcelona Fashion Week. Ahora, Cibeles es el máximo referente de la moda española y única pasarela de gran nivel. En esta edición, la organización ha estirado el programa a cinco días de seis desfiles cada uno, que no pasan de media hora porque “si no, aburren hasta a las ovejas”, dice Pérez Pita. La directora de Cibeles cree que “el diseño nacional se está afianzando” y que los creadores españoles acuden a la cita “para que se les conozca en el extranjero como a Armani”.
Las agencias de modelos han digerido el requisito de que las profesionales tengan un índice de masa corporal superior a 18, para no inducir a la anorexia. “El canon de belleza no puede ser un esqueleto andante”, señala Pérez Pita, que se alegra de la decisión impuesta el año pasado.
Desde la Asociación de Creadores de Moda de España, que preside Modesto Lomba, sostienen que el reto actual es intercambiar talento con el exterior. Lucía Cordeiro, gerente del colectivo, considera que “Cibeles ya está asentada y cuenta con una amplia representación de diseñadores de todas las regiones”. Sin embargo, apunta un urgente déficit: dar un tinte internacional a la pasarela madrileña, mediante acuerdos con otras pasarelas, como París, Milán o Nueva York, así como invitar a Cibeles a diseñadores, medios de comunicación y compradores de fuera. Cordeiro espera que, en la próxima edición de febrero, ya exista algún intercambio y Cibeles no sea un evento puramente nacional.
La rebelión laboral llega a los desfilesLas alarmas saltaron en febrero de este año. La Inspección de Trabajo quiso dilucidar cuál era la relación laboral de las modelos con los organizadores de la pasada edición de la Pasarela. En un primer momento, los inspectores contactaron con Ifema, que acoge Cibeles como una de las muchas ferias comerciales que se celebran en sus instalaciones. De Ifema, la pelota pasó a las agencias, las verdaderas encargadas de contratar a las modelos. Hasta ahora, el tipo de relación laboral entre las modelos y sus agencias no tenía una forma precisa, y oscilaba entre el contrato de colaboración y la relación laboral común. De momento, la Inspección ha llegado a un acuerdo con las partes implicadas para posponer cualquier acción hasta la clausura de esta edición. No obstante, todo indica que el Ministerio de Trabajo tendrá que elaborar una normativa específica que delimite de forma precisa qué tipo de relación laboral desfila por las pasarelas.